Cuando empieza la película y a los cinco minutos ya tenemos a las dos protagonistas cantando y bailando para publicar en redes, me doy cuenta de que me he vuelto a equivocar y que estamos ante otro de esos animes para adolescentes para los que, definitivamente, ya estoy mayor.
Como en muchos títulos de animación de este año en Sitges, la protagonista acaba viajando a un mundo de fantasía, en este caso un universo virtual dentro de su propio smartphone, donde descubre que en el mundo real ha sido reemplazada por su otro yo digital, mucho más desinhibido y ambicioso, y decidido a triunfar como estrella e influencer.
Por momentos parece querer coquetear con el terror o la ciencia ficción, pero no llega a hacerlo de forma convincente. Ni siquiera su deslumbrante apartado visual, lleno de colores saturados y personajes de diseño tan perfecto que rozan lo empalagoso, logra atraparme. En definitiva, no es mi tipo de anime.

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Se deja ver5
