Llegamos al final de las reseñas de lo visto este año en Sitges, ha costado un poco más de lo normal, pero han sido 51 películas, contando que la maratón final de Tramuntana eran dos, Flush y Fuck My Son!, dos bizarradas escatológicas, la segunda mucho más que la primera, con las que nos hemos reído bastante.
En Flush vemos como un adicto bastante desastre acaba con la cabeza dentro del váter de un antro donde trabaja su ex después de robar la droga a un camello con el que se ha encontrado en el lavabo. Película francesa que es cortita y que tiene escenas tan disparatadas como cómicas dentro de un espacio reducido como es el lavabo de un bar, tan asqueroso como claustrofóbico. Mucho mejor de lo que aparenta de entrada, realmente le saca partido a lo absurdo y ridículo de su premisa sin llegar a aburrir en ningún momento.

Fuck My Son! es una serie B de esas que hacía tiempo no veía, muy de los años 80/90, en el que una madre decide secuestrar a una mujer para que mantenga relaciones sexuales con su hijo, un mutante deforme realmente asqueroso. El film se mueve entre la comedia negra y lo incómodo de la propuesta, que cada vez es más delirante y grotesca sin que parezca que tenga un techo o un límite donde frenar. Desde luego, es una película atrevida y muy loca solo recomendable para los que gusten de cosas extremas. Mención aparte merecen algunos gags metidos con calzador, como ese prólogo sobre desnudos o los “muñecos” imaginarios de la niña.

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Se deja ver6
