Tommy Wirkola se adentra en el cine de tiburones con este film en el que un pueblo costero sufre una tremenda tormenta que derriba los muros de contención y provoca su inundación, lo que además trae consigo a un buen puñado de tiburones dispuestos a sembrar el caos. La premisa ya de por sí es tan rocambolesca que está claro que lo que vamos a ver será puro placer culpable si cumple con unos mínimos. Y de la mano de Wirkola, esos mínimos están más que cubiertos.
Wirkola va directo al grano y no se entretiene en explicaciones complejas, lo justo para plantear la situación y dar sentido a la presencia de los tiburones en el pueblo. Sus personajes son estereotipos vistos mil veces, presentados con rapidez antes de lanzarse de lleno a la acción y a inundar el escenario. Quizás todo el tema de la embarazada que se pone de parto sea forzar demasiado la maquinaria y abusar del tópico, pero deja en su tramo final una serie de escenas tan delirantes que acaban justificando su presencia.
Thrash no va a innovar dentro de este subgénero, pero logra unos efectos visuales bastante logrados. La inundación del pueblo está bien resuelta, al igual que los escenarios inundados, y además consigue generar tensión y sensación de peligro en varias secuencias, con ataques de tiburones donde no se escatima en sangre.
Aunque la película mantiene un tono más serio y formal de lo que cabría esperar, con algún toque puntual de humor negro, los padres de acogida de los chavales son especialmente divertidos dentro de su patetismo, es en su tramo final donde Wirkola desata su lado más gore y gamberro, con momentos realmente memorables. Desde luego no será la mejor película del mes, pero yo me lo he pasado en grande.

