Pongamos primero el contexto. El mito de los Backrooms nació en 2019, cuando se publicó una imagen de una oficina vacía con paredes amarillas y se empezó a fantasear con la idea de que se trataba de un espacio situado fuera de la realidad. Kane Pixels, director del film, era un joven youtuber que, con apenas 16 años, publicó un corto en formato found footage titulado The Backrooms, donde recreaba este fenómeno y le daba un contexto propio, una compañía realizaba un experimento que accidentalmente abría una puerta hacia esta extraña dimensión. El éxito fue tal que acabó desarrollando numerosos vídeos dentro de este universo, hasta desembocar finalmente en esta adaptación cinematográfica.
Explicado todo esto, vamos a la película en cuestión. Un film que no requiere conocimientos previos para disfrutarlo, aunque, evidentemente, quienes estén familiarizados con el fenómeno llegarán mejor preparados para lo que se van a encontrar. Kane nos presenta a su protagonista, un brillante Chiwetel Ejiofor que interpreta a un hombre con problemas personales abandonado por su mujer y con un negocio de muebles que no funciona. Todo cambia cuando descubre en la planta baja de su tienda una puerta hacia otro lugar, un espacio de paredes amarillas repleto de salas y pasillos que parece extenderse hasta el infinito.
Kane acierta al alejarse de la típica película de terror centrada en monstruos, un camino por el que podría haber tirado con facilidad, para adentrarse un relato mucho más psicológico. Tenemos a un personaje que se siente solo y derrotado, y que poco a poco se adentra en este espacio interminable, generando así una constante sensación de inquietud ante lo desconocido, un miedo a perderse para siempre y, en última instancia, el temor a las extrañas criaturas que habitan este lugar.
El director combina el rodaje convencional con algunas secuencias en found footage como guiño a los vídeos que le dieron fama, y consigue que este espacio infinito transmita al espectador una creciente sensación de desasosiego y de constante amenaza. A medida que avanzamos por él, vamos descubriendo nuevas estancias de arquitectura imposible y escenarios que desafían toda lógica. Otro de los grandes aciertos de la película es no ofrecer respuestas cerradas a todos sus misterios, permitiendo que cada espectador construya sus propias interpretaciones sobre lo que está viendo y sobre el significado de la historia.
No hay duda de que Backrooms es un debut notable y seguramente una de las películas de terror del año. Quedará por ver si Kane Pixels es capaz de consolidar una carrera cinematográfica más allá de este universo o si esta película acabará siendo la culminación de un proyecto tan singular como logrado.

Kane Pixels convierte el fenómeno viral en un inquietante film
-
No te arrepentirás8
