Crítica: Sea Fever

Crítica: Sea Fever

Las supersticiones del mar dicen que una persona pelirroja a bordo trae mala suerte, y nuestra protagonista, la joven científica Siobhán, es una pelirroja que para completar su doctorado es asignada a un barco pesquero para poder realizar estudios en alta mar. Nada más subir al barco, se dará cuenta de que algunos de los tripulantes se toman muy en serio las supersticiones sobre su cabello.

La especialidad de Siobhán, que ya nos cuentan de buen principio que no es una chica muy sociable, es identificar y extrapolar los patrones de las variaciones en el comportamiento de la fauna de las profundidades, algo que en un barco pesquero como el que la ha acogido, por una suma de dinero, claro, les da bastante igual, realmente se encuentran en una difícil situación y necesitan la pasta. Al poco de zarpar empiezan a encontrarse con problemas, ya que el lugar donde tenían previsto pescar se encuentra en una zona de exclusión, lo que hará que tengan que replantearse su ruta.

Todo va bien hasta que de repente el barco queda encallado sin motivo aparente, y descubren una extraña substancia en algunos puntos del bote que parece estar cambiando la textura de la madera. En medio del océano y con la radio estropeada, los tripulantes del barco quedan expuestos a un singular misterio sin poder pedir ayuda. Nadie ha visto nunca nada parecido a lo que les empieza a suceder, y lo que descubrirán pondrá en peligro sus vidas.

Sea Fever nos presenta una delicada situación de aislamiento y de contagio en alta mar, un punto de partida que no es que sea muy original, pero que se presta a tener múltiples desarrollos. Y la película, poco a poco va dejando claro que elige apartarse de los sobresaltos y de la acción más propia del género de terror, para decantarse más por el drama entre los personajes y el analizar la situación de un modo científico.

Neasa Hardiman, curtida en series de televisión y cortos, debuta con este thriller en el que cuenta con la inestimable Hermione Corfield de protagonista, a la que vimos no hace mucho en la comedia de terror Slaughterhouse Rulez, y que sabe sacarle muy buen partido a su papel y llevar sin problemas todo el peso de la trama.

A parte de un alegado claramente ecologista, lo más destacable de Sea Fever es la cuestión moral que plantea cuando los integrantes de la tripulación empiezan a caer infectados, entre quedarse y guardar cuarentena, con todo lo que ello supone, o llegar a casa y ser tratados en un hospital aunque ello conlleve el riesgo de infectar a más gente. Será cuando los personajes elijan bando y se cree más tensión en el barco.

Sea Fever nos propone una situación de contagio en alta mar, en la que tampoco se explaya demasiado en explicaciones sobre su origen, pero sobre la que explora el lado más humano y dramático del tema, apostando más por una faceta más cercana a la realidad y menos por la cinematográfica de excesos y de escenas de sustos sin sentido.

Puntuación
14out of 5

3.5

3.5 out of 5
Merece la pena

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