Crítica: Mute

Crítica: Mute

Nuevo estreno por todo lo alto de Netflix y nuevo batacazo con terribles críticas, ya comentaba en la crítica de The Cloverfield Paradox que creo que se está siendo demasiado exigente con Netflix, e igual se espera que cada producto que saque sea una obra maestra, y desde luego que no lo son, pero tampoco son el desastre que la crítica parece hacernos creer, aunque todo apunta a que Aniquilación puede ser la excepción, por fin.

Mute era un proyecto largamente gestado por Duncan Jones, que tras su malogrado paso por el blockbuster en Warcraft, volvía a un cine más personal y sobre todo con esa película que hacia tantos años que tenía en mente. Nos encontramos en un Berlín en el año 2056, donde vive nuestro protagonista, un amish solitario y mudo que trabaja como camarero en un bar de copas y que tiene un lio con una camarera de allí, en una más que solvente y comedida actuación de Alexander Skarsgård. Cuando esta desaparece, no dudará en remover cielo y tierra para encontrarla. Por otro lado, tenemos la historia de un cirujano que trabaja para la mafia que quiere irse de Berlín junto con su hija, y para ello necesita que le proporcionen los papeles para poder salir.

Mute quiere ser cine negro clásico vestido de ciencia ficción, y en parte lo consigue, pero comete el error de apartarse demasiado de su trama principal, de la historia de la desaparición, para centrarse en la vida y milagros del cirujano, personaje que interpreta en un registro muy distinto a lo que nos tiene acostumbrado Paul Rudd y del cual sale bastante airoso. Cactus Bill, que es como se llama, y su entorno, acaba ocupando demasiado metraje, desdibujando por momentos la sensación de thriller para pasar a ser más un drama de perdedores que buscan irremediablemente alcanzar su felicidad, uno encontrando a la mujer que ama y el otro abandonado Alemania de una vez junto a su joven hija.

Jones encima también suma a esto al personaje de Justin Theroux, amigo del cirujano que trabaja con prótesis y que va cogiendo cada vez más peso en la trama hasta volverse un protagonista más. Jones se preocupa demasiado por dibujar a estos personajes, cosa que personalmente no me ha molestado en absoluto, pero si que es verdad que acaba causando una sensación de desconcierto que no le viene nada bien.

Sin duda lo mejor de todo es su estética ciberpunk con un logrado acabado visual para no tratarse de un film de un desorbitado presupuesto y ese aire a perversidad y denigrante decadencia que lo impregna todo durante todo el metraje. Además, se nota el mimo que le pone Jones, que se trata de un proyecto personal, con una esmerada y cuidada dirección, y desde luego una película que se hubiera podido disfrutar plenamente en una pantalla grande en una sala de cine.

Puntuación
12.5out of 5

3.2

3.2 out of 5
Merece la pena

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