Crítica: Martha Marcy May Marlene

Atormentada por dolorosos recuerdos y dominada por una creciente ansiedad, Martha abandona una secta y se va a vivir con su hermana Lucy y con Ted, el marido de ésta. Intenta adaptarse al estilo de vida de la clase media-alta, pero acosada por constantes pesadillas, no le resulta nada fácil. Mientras asume su soledad, la paranoia resquebraja su existencia. Finalmente, desciende a un vertiginoso estado de pánico cuando comienza a sospechar que alguien sigue todos sus movimientos.

No nos engañemos, Martha Marcy May Marlene aburrirá y cansará a más de uno, de dos y de tres. En definitiva, a todos aquellos que alentados por la sinopsis oficial de arriba esperen un film más cercano al terror o al thriller de lo que en realidad nos ofrece luego el film, a aquellos que se acerquen al film influenciados por las buenas críticas que ha ido cosechando a lo largo del año pasado.

Martha Marcy May Marlene es un film que se centra en una joven que busca desesperadamente encontrar su lugar en el mundo y que no es capaz de dar con él. Para ello, su director y guionista Sean Durkin nos muestra de manera paralela dos estilos de vida completamente diferentes, el del presenta de la joven junto a su hermana y su pareja, una vida completamente convencional en la que hay que buscarse un trabajo o unos estudios para llegar algún día a ser algo en la vida. Y a modo de flashblacks, como es la vida en esa secta, en una granja que aspira a ser autosuficiente y donde se trabaja para alimentarse y sobrevivir.

A medida que el film avanza, Durkin nos enseña como ninguno de los dos estilos de vida son para nada perfectos, por un lado descubriremos que lo en principio parece una placentera vida en la granja, oculta tras de ella una serie de inconvenientes, algunos más aceptables que otros por nuestra protagonista, pero todos ellos cuestionables desde el punto de vista del espectador. También veremos como Martha se muestra incapaz de acatar y comprender las normas de una sociedad normal, como su comportamiento va alterando y asfixiando tanto a su hermana como a su pareja, hasta llegado un punto en que la convivencia será prácticamente imposible.

Durkin hace bien y no se toma partido ni se decanta por ninguno de los dos tipos de vida, solo nos muestra de manera real y sin cortarse ni un pelo las virtudes y perversidades de ambos para que el espectador se posicione o bien haga como su protagonista y no encuentre comodidad en ninguno de los dos. No hay un tipo de vida perfecto, siempre hay problemas y complicaciones hagamos lo que hagamos.

El film tiene un ritmo pausado y tranquilo, no tiene prisa en desarrollar la historia, sino que se centra exclusivamente en los sentimientos y emociones de su protagonista, una perturbadora y a la vez desdichada Elizabeth Olsen que consigue interpretar a un personaje tan ambiguo como admirable, capaz de transmitir en ocasiones lástima y en otras rechazo por su comportamiento extraño e incomprensible. El film va creando una aura envolvente de inquietud y desasosiego a su alrededor de manera sutil, que incomoda y que atrapa sin apenas darte cuenta si eres capaz de dejarte llevar por la dura y cruda historia de Martha.

Porque no nos engañemos, Martha Marcy May Marlene agradará y hará disfrutar a más de uno, de dos y de tres, a todos aquellos que gusten del cine cocinado a fuego lento y amantes de la palabra independiente en todo su esplendor, a todos aquellos sepan apreciar la belleza de la película en sus pequeños detalles, y sobre todo a aquellos que su abierto y prematuro final no les suponga un gran problema.


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