Crítica: Jojo Rabbit

Crítica: Jojo Rabbit

A lo tonto, a lo tonto, Taika Waititi se está labrando una filmografía de lo más digna a base de potenciar ese humor desmesurado y por momentos absurdo que tanto le caracteriza y que funcionó tan bien en la saga de Thor. Su último trabajo ha venido acompañado de polémica por el tema que trata y la presencia de Hitler como amigo imaginario del niño protagonista, pero ha sido recompensado con unas merecidas nominaciones a los Oscars.

Jojo Rabbit se basa ligeramente en la novela de Christine Leunens y es el propio Waititi el que se encarga de adaptar el guion para el film, inventándose sobre todo su participación como un paródico Hitler que hace de amigo invisible del protagonista y que tiene algunos de los momentos más divertidos de la película, se nota que Waititi se lo ha pasado en grande ridiculizando al personaje de forma hilarante. La película se centra en un niño de 10 años que vive con su madre y cuyo padre está desaparecido hace tiempo en plena Segunda Guerra Mundial. Jojo está afiliado a las juventudes nazis y se jacta de ser un gran patriota. Pero un día, descubre a una joven judía escondida en un cuarto secreto de su casa y crearán una improbable amistad que pondrá a prueba todas las convicciones y creencias de Jojo.

En una época donde aquí en España está más en boca de todos el adoctrinamiento de los niños en las escuelas y lo que deben y no deben estudiar en las aulas, Jojo Rabbit es un buen ejemplo de que esto no funciona si hay una buena base de educación y cuando uno se enfrenta a una realidad que para nada coincide con las enseñanzas que uno pueda tener.

Waititi usa el humor, como hacia en su día Roberto Benigni en La Vida es Bella, para hacer un retrato satírico de la Alemania de la Segunda Guerra Mundial en pleno tramo final ya de la misma que consigue por un lado sacarte más de una sonrisa y por otro lado nos da una lección de como las relaciones humanas son más fuertes que las doctrinas y de lo poco que importan las razas y los credos.

No solo destacan las actuaciones de una soberbia Scarlett Johansson y un destacable Sam Rockwell, sino que los jovenes Roman Griffin Davis y Thomasin McKenzie haciendo de Jojo y de la joven judía Elsa, logran hacer unos personajes muy verosímiles y entrañables que se ganan rápido el corazón de los espectadores.

Jojo Rabbit maneja momentos surrealistas y delirantes, con momentos más dramáticos, sobre todo en su parte final, pero sin perder un ápice de intensidad y sobre todo de sensibilidad a pesar de su tono exagerado de comedia. Y sobre todo, lo más importante, es que tenemos que quedarnos con el mensaje que quiere transmitir, que al final es lo que cuenta.

Puntuación
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