Critica: Glass

Critica: Glass

En plena época de oro del cine de superhéroes, por más que algunos ya digan que ya hay cierto cansancio y caída, la taquilla sigue demostrando lo contrario, Shyamalan nos ofreció hace un par de años un sorprendente giro en Múltiple que abría la puerta a continuar una de sus película más celebradas y que nos dejo a todos muchas ganas de ver algo que nunca hubiéramos soñado, volver al universo de El Protegido.

Shyamalan no lo tenía muy difícil para hacer una nueva secuela tirando por lo fácil, una película de acción en donde David Dunn persiguiera a La Horda, con Elijah Price ayudándolo y Casey Cooke, el personaje de Anya Taylor-Joy, entrando en medio aliándose con David y enfrentándose a ellos al final. Pero no, eso no es lo que Shyamalan quiere contarnos, no quiere ir a lo fácil, y tan solo vemos esto en los primeros compases de Glass, con David siguiendo la pista a La Horda y dando con él. Pero no dura mucho, y la acción se traslada a un centro psiquiátrico y entra en escena el personaje de Sarah Paulson.

Es aquí donde Shyamalan empieza a contarnos lo que de verdad quiere, donde enfrenta realidad y fantasía con el trasfondo del comic siempre presente, donde pone a los personajes, y por ende al espectador, a cuestionarse su rol de seres especiales por encima del resto ¿Realmente tienen poderes o son tan solo personas con una enfermedad?

Y para hacernos llegar su mensaje, el director sacrifica demasiado, con una película magníficamente dirigida y con un gran uso de los colores, pero que no va a ser seguramente la película que muchos esperaban ver que continúe las andanzas de David, ya que más allá de sus primeros minutos, el personaje acaba relegado a un papel más bien secundario.

El título ya debería darnos una pista, ya que es sobre Elijah Price sobre quien gira la película por mucho que no lo parezca de buenas a primeras, pero él es quien tienen la paella por el mango todo el rato, y es su plan maestro al final el que logra triunfar y llevar a cabo lo que realmente Shyamalan quiere mostrarnos en su debate sobre realidad y fantasía. Aunque para ello se ha tenido que servir de giros que pueden ser más que cuestionables o con revelaciones que pueden dejarnos fuera de lugar, pero lo que es innegable es que Shyamalan ha tenido libertad para hacer el film que quería y contar lo quería, podrá gustarnos más o menos, pero al final es su obra y por lo menos es sincera.

Puntuación
15out of 5

3.8

3.8 out of 5
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