Crítica: Aquaman

Crítica: Aquaman

Tras dedicar película en solitario a Wonder Woman, era el turno de la anunciada Aquaman, una nueva prueba de fuego para Warner y DC, los que empezaron la casa por el tejado con no demasiados buenos resultados y que ahora están viendo como sus personajes menores están funcionando mejor en solitario. Aquaman nos sitúa después de la Liga de la Justicia y, al igual que Wonder Woman, es una película de orígenes que nos contará como nació Arthur y como el destino le reclama como heredero al trono de Atlantis.

James Wan pone toda la carne en el asador y nos ofrece un espectáculo visual impresionante donde la ciudad submarina de Atlantis brilla con luz propia abrazando el exceso y sin temor alguno al ridículo, mostrando algunos elementos que nunca pensaríamos llegaríamos a ver en una gran pantalla, como los caballitos de mar o los tiburones usados como monturas y ese detalle del pulpo tocando la batería, un guiño a los comics que no tiene precio.

Aquaman no pierde demasiado tiempo en las presentaciones ni en contarnos su origen, algo que se agradece, y no tarda en meternos de lleno en una gran aventura alrededor del mundo donde poco a poco se nos van presentando los siete reinos de los que se habla al principio, y luego a través de algunos flashblacks se va ampliando la historia tanto del personaje como de la ciudad sumergida de Atlantis.

Wan nos ofrece unas cuantas escenas de acción que son de lo mejor de la película, sobre todo la de Sicilia, una persecución trepidante y emocionante, o la primera vez que aparece Aquaman en el submarino, en cambio resultan algo cansinas las persecuciones debajo del mar o la abrumadora batalla final, donde el abuso de efectos digitales y la épica forzada acaba lastrando más que ayudando.

Parece mentira que a día de hoy sigan funcionando tan bien estas historias de reyes herederos y lucha por el poder entre hermanos de sangre que reclaman su derecho de nacimiento, algo que ya pasaba en Black Panther, película con la que guarda ciertas similitudes. Dejaremos de lado que sociedades tan avanzadas todavía se rijan por códigos tan arcaicos como una simple pelea para reclamar el trono o lo matrimonios consentidos para unir reinos, y nos centraremos en la aventura al más puro estilo Indiana Jones que nos ofrece Aquaman y que es donde mejor funciona.

Jason Momoa se lo ha debido de pasar en grande rodando, se nota que le va el personaje y sin duda es uno de los mayores aciertos a pesar incluso del postureo ridículo que exhibe en más de una ocasión, y pasa lo mismo con Amber Heard, cuya química entre los dos hay que destacar y hace que esa parte intermedia aun sume más enteros. Hay que admitir que le sobra más de un chiste que da vergüenza ajena, que la trama de hermanos reclamando el trono está ya muy vista, y que peca de grandilocuencia en algunos momentos como la pelea entre los dos hermanos y la batalla final, con demasiada gente de por medio, demasiado excesiva en todos los aspectos. Pero Aquaman funciona a grandes rasgos como un buen espectáculo de entretenimento, atrevido y sin complejos.

Puntuación
14out of 5

3.6

3.6 out of 5
Merece la pena

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