Crítica: Womb

Rebecca es una niña de nueve años que tiene que pasar unos días con su abuelo en una casa cerca de la playa. Allí conocerá a Tommy, un niño con el que no tarda mucho en entablar amistad, una amistad que acabará derivando en algo más. Pero Rebecca debe marcharse con su madre muy lejos y debe abandonar a Tommy. Doce años más tarde, Rebecca vuelve de nuevo al pueblo para buscar a Tommy y continuar con su historia de amor.

A priori, esto podría parecer una historia de amor sin más que poca cabida debería tener en MADO, pero es que Womb es mucho más. El film es un complejo discurso sobre el tema de la clonación humana abordado desde diferentes puntos de vista y con un atrevimiento portentoso no exento de provocación y que en muchos casos llega a rozar de manera muy sutil el erotismo.

Durante los primeros minutos asistiremos a como la relación entre los dos niños se va haciendo más y más intensa, y como su director el cineasta húngaro Benedek Fliegauf, no se corta un pelo en mostrarnos está relación de manera tan delicada como descarada, la escena de los dos en la cama al amanecer es de lo más sugerente con bien poca cosa. Está relación calará fuerte en ambos, tanto que años más tarde cuando ella regresa, la chispa volverá a encenderse.

Womb nos propone un relato de ciencia ficción intimista y pequeño, en un escenario del todo inusual para este tipo de historia, pero que acaba siendo un protagonista más, con la playa siempre presente en medio de una temperatura invernal y una lluvia perenne. Womb aborda el tema de la clonación humana durante la varias fases de la historia, desde el rechazo que sufren por parte de la sociedad más conservadora, la falta de identidad de estos clones e incluso el incesto, un tema de lo más comprometedor para una película, pero que aquí se trata de una manera tierna, sufrida y acompañado por una gran belleza en imágenes, rodado todo el film con suma elegancia y belleza, tanto que ni siquiera necesita de banda sonora, que es prácticamente imperceptible en todo el metraje.

Eva Green está espectacular en su papel de Rebecca, vemos como el paso de los años hace mella en ella y como se va convirtiendo en una víctima de su propia elección, de su propio destino y de su amor, es inevitable enamorarse de su arrebatador y tormentoso personaje. Matt Smith, que ahora conocemos como el nuevo Doctor Who, hace de su personaje Thomas un inocente e idealista joven, no mucho más alejado de lo que podemos ver hoy día en la serie inglesa, que acabará maldiciendo y asumiendo lo que en realidad es.

Womb es ante todo una historia de amor cruda y desesperada, de una inmensa belleza que no dejará indiferente a ningún aficionado a la ciencia ficción más minimalista. Valiente y provocadora como pocas películas hoy día, y a la vez enternecedoramente hermosa, desgarradoramente conmovedora.


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