Crítica: Oz, un Mundo de Fantasía

Crítica: Oz, un Mundo de Fantasía

Tengo que reconocer que el Sam Raimi más pasteloso nunca ha sido santo de mi devoción, ya me paso lo mismo con Entre el Amor y el Juego, y en algunos momento de su trilogía de Spider-Man, sobre todo en la tercera entrega. Y con Oz, un Mundo de Fantasía me ha pasado tres cuartos de lo mismo.

Oz, un Mundo de Fantasía resulta ñoña e infantil de una manera demasiado descarada, y creo que no era necesario llegar a estos extremos para explicar la historia del mago que llegó hasta el mundo de Oz, hechos que acontecen antes de la historia por todos conocida de Dorothy.

Raimi empieza su película en blanco y negro haciéndonos un retrato de Oz, un mago de tres al cuarto que trabaja en un circo bastante pobre que va de ciudad en ciudad. De entrada, este retrato del personaje a la vez pícaro y descarado, egoísta que solo piensa en si mismo y en conquistar mujeres me parece de entrada demasiado tópico, cosa que a medida que vamos avanzando en el film no mejora, y es más, me llega a cansar de lo predecible que llega a ser, así como usar el truco de la caja de música para ligar como su único recurso me parece una falta de imaginación preocupante a la vez que reiterativo.

Pero el problema no es tan solo que el personaje de James Franco sea un acumulo de reiteraciones todo el rato, sino buena parte del casting que parece no esforzarse mucho por dar un mínimo de convencimiento en sus papeles. Y eso que es raro que una actriz como Rachel Weisz parezca ir perdida durante todo el metraje, su personaje no convence en ningún momento, y caso aparte es el que Michelle Williams ¿Qué le ha pasado a esta chica? Una de dos, o la edad no le sienta muy bien o la cirugía ha hecho estragos, aparte de lo empalagoso que llega a ser su personaje. La única que se salva de la quema es Mila Kunis, me parece, de todos, la que mejor cumple y cuyo personaje me resulta más creíble.

Cuando los efectos visuales en una producción de este tipo acaban cargando y sobrando más que otra cosa es que algo falla, y en Oz, todo el colorido de sus escenarios chirria mucho, no ayudan a la historia, son más un estorbo que un complemento visual maravilloso que es lo que deberían ser. El mejor momento del film nos lo trae un personaje digital, ya que los actores de carne y hueso no funcionan, al menos los digitales si. Y es el momento en que el majo encuentra a la pequeña niña de porcelana, una escena emotiva que es de lo poco rescatable de Oz.

Oz, un Mundo de Fantasía se queda muy por debajo de lo que podíamos esperar de Raimi, incluso muy por debajo de la Alicia de Burton, que mira que ya no era gran cosa, pero esta al menos visualmente convencía. Que un film esté más encaminado a un público infantil no quiere decir que tenga que ser un pastel de ñoñerías, y si no que le pregunten a Pixar o a los muchos films de animación que se estrenan cada año. Para films de Oz me sigo quedando con El Mago de Oz de 1936 y esa secuela llamado Oz, un Mundo Fantástico de la que guardo un grato recuerdo, nada que ver con lo que ha perpetrado Raimi, el cual deseo se siga dedicando al terror y ya está.

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2 comentarios

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  1. Fede
    Fede 13 marzo, 2013, 04:08

    No está tan mal hombre. Lo que pasa es que es para crios principalmente, y no deja mucho para los adultos que van a pagar la entrada si o si. En ese sentido está muy por debajo de cosas comparables como Spiderwick o Percy Jackson o sobre todo las producciones de Pixar. Pero a mí me ha sentado mejor que la Alicia de Tim Burton, vamos seguro.

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  2. dragón negro
    dragón negro Autor 14 marzo, 2013, 02:31

    Bueno, al menos Alicia de Burton era coherente con el universo gótico del director y en el apartado visual cumplia, que esta ni eso.

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