Crítica: Mil Maneras de Morder el Polvo

Crítica: Mil Maneras de Morder el Polvo

Tras el éxito de Ted, Seth MacFarlane vuelve con una nueva incursión en el cine en la que esta vez se atreve además de dirigir y de escribir el guión, a protagonizar llevando todo el peso de la película sobre sus espaldas, lo cual no acaba siendo nada bueno tras comprobar que como actor deja bastante que desear. Por suerte, sabe rodearse de profesionales que sin llegar a tener el mismo nivel de protagonismo si que cumplen con creces en su mayoría, sobre todo una cada vez más guapa Charlize Theron, que bien le sientan los años a esta mujer.

Nos encontramos en el salvaje oeste, donde perder la vida es de lo más fácil debido a las más diversas causas, lo difícil en esta época es mantenerse con vida. MacFarlene toma como punto de partida una ruptura de pareja para iniciar su relato al igual que sucedía en Ted, allí trataba el paso a la madurez, pero aquí se centra en la autoestima y la confianza en uno mismo para tejer una historia de comedia romántica que es de lo más visto y previsible, pero que acaba funcionando bastante bien.

Pero el punto fuerte de Mil Maneras de Morder el Polvo son la cantidad de gags que hay, algunos funcionan mejor, otros peor y otros directamente sobran. Ya sabemos del gusto norteamericano cada vez más marcado por la escatología, y MacFarlane siempre se ha sentido a gusto con este tipo de humor, pero a mi parecer se le va de la mano en determinados momentos. El film hace gala de un humor adulto por sus constantes chistes subidos de tono y sexuales, en este caso se llevan la palma la pareja formada por el amigo del prota y su novia, una prostituta, con una peculiar relación casta que es motivo de varias bromas.

Tengo que reconocer que me gusta más el MacFarlane más comedido, el de los gags más sutiles, los que cuestan más de pillar, dos bromas sobre pedos hacen gracia, pero más ya sobran, y recrearse en ello no le hace ningún favor a la cinta. Hay tal magnitud de gags que muchos de ellos acaban por entorpecer la historia o simplemente cortarla un momento para que MacFarlane haga su dialogo gracioso, parece que no hayan tenido mesura y hayan dado cabida a todo aquello que se les ocurría. Esto hace que la trama avance en muchos momentos a trompicones y que la película se acabe alargando más de lo necesario.

Parece que le han dado tal rienda suelta a su director tras el éxito de Ted que este ha aprovechado no solo para protagonizar la cinta, sino para meter en ella de todo un poco y agitarlo en una coctelera cuyo resultado acaba siendo demasiado fuerte, sin equilibrio. Unos cuantos recortes aquí y allí, unos cuantos gags menos y seguramente seria una película mucho más redonda de lo que es.

Mil Maneras de Morder el Polvo acaba por funcionar porque hay gags muy divertidos, hay multitud de referencias y homenajes, y sobre todo unos cuantos cameos, que esto siempre tiene su gracia. Charlize Theron consigue con su personaje subir el cache del film gracias a su buen hacer, todo y no ser una especialista en comedias. No es una película redonda pero tiene lo suficiente para hacernos pasar un buen rato, con un humor encarado a un público adulto a pesar de que cuando fui al cine a verla el sábado por la tarde el cine estaba lleno de niños, unos solos y otros incomprensiblemente acompañados por sus padres ¿Es que la gente no se informa sobre lo que lleva a su hijo a ver al cine?

merece la pena

 

 

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