Crítica: Gone

La carrera de Amanda Seyfried no acaba de despegar, y no me extraña si sigue empeñada en protagonizar una mala película tras otra. Pero es que hemos pasado de películas supuestamente comerciales como la de la Caperucita y In Time a una película menor como es esta Gone, que aquí se llamará Sin Rastro, un thriller de poca monta que aunque contra todo pronóstico está mejor desarrollado de lo que en principio cabria suponer, no deja de ser una película del montón sin nada de personalidad ni nada que destacar.

En esta ocasión, la buena de Amanda es una joven paranoica que vive en constante tensión debido a que un día fue secuestrada y logró escapar justo antes de que la mataran. El problema es que nadie la cree, ni siquiera la policía que la toma por loca ya que en su día no fueron capaces de encontrar pruebas. Vive con su hermana mientras trabaja de camarera en el turno de noche. Un día al llegar a casa se encuentra con su hermana ha desaparecido, y se desatará en ella la obsesión de que ha sido secuestrada por el mismo hombre que la secuestro a ella.

Acudir a la policía no le servirá de mucho, ya que como es habitual no se la tomarán en serio, son una buena panda de inútiles. Así que totalmente convencida de que ella ha sido secuestrada emprenderá una búsqueda por su cuenta y riesgo para dar con el asesino y con su hermana antes de que anochezca, que es cuando este mata a sus víctimas.

No hay nada de tensión en Gone, y eso es en parte porque Amanda construye un personaje bastante plano y predecible con una interpretación de lo más justita para cobrar el cheque y poco más. Pero es que la dirección tampoco apuesta nada y se queda en algo de lo más convencional y tirando a telefilm de sobremesa. El director brasileño Heitor Dhalia, que da su salto a tierras norteamericanas con este film, es incapaz de sacarle más partido a un guión que no está del todo mal, al menos no tiene incoherencias ni se saca cosas de la manga, y orquesta una investigación bastante creíble, aunque si que hay que reconocer que se lo pone a la protagonista bastante fácil.

Otra de las bazas que juega el film es la de hacer plantearse al espectador si realmente la chica está loca o si tiene razón y en verdad el asesino existe, pero también falla completamente en su propósito, ya que queda bien claro desde un principio que todo es cierto. Pero si que tiene algo bueno, no todo va a ser malo, y es que por lo menos tiene una resolución bastante acertada, alejándose de la estúpida moda de finales rocambolescos con sorpresa que no hacen más que joder aun más la película. Quizás pierda efectividad, pero gana en consistencia.

Gone no llega a aburrir del todo, pero desde luego tampoco apasiona, y se convierte en un film tan olvidable como prescindible, a no ser que seas un fan de la Seyfrid o bien que tengas un día tonto con una tarde sin saber muy bien que ver y no te apetezca calentarte mucho la cabeza.


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