Crítica: El Cementerio de Barcos

El Cementerio de Barcos es una novela de Paolo Bacigalupi, el autor de la aclamada La Chica Mecánica, novela que no he tenido el gusto de leer, pero que en su día ganó premios como el Hugo o el Nebula entre otros y que fue elegido como uno de los mejores libros de 2009. Con estas credenciales, el autor publica su segunda novela de nuevo en nuestro país con Plaza Janés que ambienta en el mismo mundo deprimente y futurista que su anterior obra.

El Cementerio de Barcos nos presenta a su protagonista, Nailer, un chico que vive en la miseria y cuyo trabajo consiste en explorar conductos de servicio de grandes barcos en busca de cable de cobre, un trabajo duro, pesado y peligroso que tan solo pueden hacer aquellos que tienen un tamaño pequeño que les permita desplazarse por los estrechos tubos. Bacigalupi no escatima páginas para describirnos esta triste realidad en la que vive nuestro protagonista, en una pobre comuna que se dedica a devastar viejos barcos aprovechando todo el  material posible que luego venderán.

La ley del más fuerte se vuelve una cruel realidad en el futuro que nos presenta el autor, ya no tan solo en esta región que nos presenta donde vive nuestro protagonista, sino que parece ser el pan de cada día en todo el planeta como luego veremos más adelante. Nailer sobrevive haciendo su trabajo tan bien como puede mientras por las noches tiene que aguantar los golpes de su padre borracho y drogado, pero todo cambiará tras una terrible tormenta y encuentre junto a su inseparable amiga un clíper, un barco de última tecnología de la gente adinerada, que destrozado por la tormenta se encuentra varado en una pequeña cala.

En la contraportada del libro no se desaprovecha la ocasión de comparar la obra con Los Juegos del Hambre, hay que hacer valer el tirón, pero no creo que sea necesario, El Cementerio de Barcos es un libro que debería hacerse valer por si solo, y realmente lo vale. Estamos frente una novela de aventuras que quizás se enfoque más a un público juvenil, pero eso no quita que la idea del mundo futurista que nos presenta el autor sea muy válida y coherente, sobre todo cuando hace hincapié en resaltar las grandes diferencias que separan a los pobres, la gran mayoría, de los ricos, y como sus mundos y sus vidas son completamente distintos, algo que no está demasiado alejado del presente que nos toca vivir.

El Cementerio de Barcos se lee en un suspiro, son unas 350 páginas repletas de acción y de aventuras, con una gran presentación y descripción de cómo sobrevive la gente en el golfo de México desguazando antiguos petroleros y grandes buques, y aunque la historia en sí puede ser bastante predecible y tópica, eso no quita que su lectura sea de lo más recomendable para evadirse en estos días de verano.


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