Crítica: Beneath The Darkness

Puede que la primera y la última escena sean lo más destacable de Beneath The Darkness, lo cual no dice mucho a su favor. Nada más empezar el film nos encontramos con un Dennis Quaid, que interpreta en el film a un hombre viudo llamado Ely que es el encargado de la funeraria del pueblo, en plan psicópata loco matando ya al primero de manera elegante pero sin miramientos.

Después pasamos ya al grupo de jóvenes protagonistas, unos chicos obsesionados con historias de fantasmas que acabaran investigando en la casa del personaje de Quaid ya que en la noche se ven sombras de una pareja bailando. Pero la cosa acabará bastante mal cuando decidan entrar en la casa y sean sorprendidos por Ely infraganti. A partir de este momento la cosa parece que empieza a mejorar un poco, tampoco para echar cohetes, pero si que la trama empieza por fin a avanzar tras el proceso de presentación de personajes que realmente no aporta nada y se hace bastante pesado.

Da comienzo entonces un juego por desacreditar a Ely, que goza de fama y prestigio entre la comunidad, con lo que nadie cree a nuestros jóvenes protagonistas, y por mucho que ellos insisten, lo único que consiguen es complicar todavía más su situación. El film es incapaz de evitar caer una y otra vez en tópicos escenarios y soluciones narrativas ya vistas una y mil veces.

No hay nada de especial ni de llamativo en Beneath The Darkness, salvo un Dennis Quaid que da la sensación de habérselo pasado de miedo haciendo de psicópata. Y es que se nota que el actor ha disfrutado en las escenas en las que sale a relucir su vena más sádica y sobre todo en una escena final que es de lo más divertido del film, que se convierte en algo totalmente prescindible.


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